Una aventura es, por naturaleza algo que nos sucede. Es algo que nos escoge a nosotros, no algo que nosotros escogemos .-G. K. Chesterton
Recordar es volver a vivir, ciertamente al leer el texto de José M. Esteve “La aventura de ser maestro” recordé mis inicios como maestra, en mi memoria guardo momentos de gran satisfacción, pequeños logros que me animaron a seguir en este camino de la docencia, a quince años del inicio he recibido buenos comentarios de mis exalumnos que ahora son mis compañeros profesores. Recuerdo que el nivel de exigencia que tenía para con mis alumnos era muy elevado, en aquel momento no lo veía así, pero a la distancia se que la carga de trabajo era muy fuerte y que aún no tenía clara la noción de que cantidad de trabajo abordar en clase o dejar de tarea, pero aún con esas condiciones mis alumnos no fallaron, fueron muy comprometidos y logramos tener un buen ambiente en el salón de clases. También recuerdo a mis primeros alumnos de Preparatoria del Bachillerato Pedagógico, con quienes debuté como docente, tal parece que Esteve hubiera estado espiando mi clase, efectivamente me respaldaba en una seguridad superficial, trataba de hacer parecer que dominaba mi actividad, pero yo sabía perfectamente que muchísimas cosas las desconocía, afortunadamente mis alumnos fueron muy nobles conmigo y nunca me causaron conflictos, la ansiedad que me producía el pánico escénico me hacia hablar demasiado rápido, mis alumnos me hicieron la observación una vez que fueron tomando confianza y fue entonces que recurrí a las técnicas, me grabe y corroboré lo que ellos decían, entonces trate de moderar la velocidad y el tono de mi voz y poco a poco fui adquiriendo confianza en mi misma, ahora creo que puedo controlar mis nervios frente al grupo.
Hace unos cuatro años, volví a sentir esa ansiedad cundo me pare frente a mi primer grupo de posgrado, tenía la impresión de que mis alumnos de cátedra iban a ser menos tolerantes que los de preparatoria y los de licenciatura, entendía que por su nivel de estudios podían ser más críticos y exigentes. En una reunión de catedráticos un colega comentó “que nuestros alumnos tenían ventaja sobre nosotros en conocimiento, experiencia, edad y mañas” que debíamos ser firmes en las indicaciones de trabajo pero que no perdiéramos de vista que así como nosotros tenían grandes preocupaciones y ocupaciones en la vida que no siempre les permitían cumplir, efectivamente con ellos aprendí que estaban dispuestos a trabajar, pero que en su condición de adultos se facilitaba más llegar a acuerdos para que todos pudiéramos cumplir con nuestra responsabilidad; por otro lado, la ansiedad no la superé del todo.
Mis alumnos de posgrado a veces se tomaban su papel de estudiantes muy en serio y a veces me daban más problemas de disciplina que los de prepa. Los de prepa se justifican por muchas razones, la edad, los distractores, las preocupaciones, los problemas económicos y más, pero por lo que me cuentan mis compañeros profesores cada año llegan alumnos a la prepa con mayores dificultades para adaptarse a las normas, en primero de prepa es donde se tiene el mayor índice de deserción a causa de la reprobación, y esta es el resultado de su actitud poco favorable hacia el estudio. Los maestros tenemos que empeñarnos más, tenemos que replantear nuestra práctica para darle al cliente lo que pida, siempre en el sentido del conocimiento, los alumnos deben estar satisfechos con lo que aprenden y llevarlos por el camino que recomienda Paulo Freire en “Cartas a quien pretende enseñar” enseñar a pensar leer y escribir a través de la práctica. Así los alumnos despertarían su interés en el estudio y probablemente estarían más tranquilos.
Debo reconocer que tengo una postura específica en función del deber ser que va mas acorde con la propuesta de Miguel Ángel Santos Guerra de fijar los aprendizajes en aspectos teóricos y prácticos, me parece limitante la postura de Esteve en el sentido de prestar más atención a lo práctico, dejando un poco de lado lo teórico. En lo personal pienso que el dominio teórico lleva implícito el conocimiento practico ya que en la actualidad han tomado impulso las disciplinas aplicadas.
El texto de Esteve deja entrever a un maestro de vocación convencido de su función social, pero en realidad entre los miles de maestros que habemos en este país, sería utópico pensar que todos estamos en esa misma condición, por lo que me inclino a ver a la docencia de manera objetiva y creo que los maestros deberíamos ser evaluados periódicamente y deberíamos de presentar concursos de oposición para impartir las materias, esto nos obligaría a ser más constantes en la lectura como lo propone Freire y contaríamos con mayor seguridad al estar frente a grupo. Se que con este comentario me puedo ganar la crítica y el rechazo de algunos colegas, pero créanme que en estos pocos años de servicio he visto tantas cosas que a veces se entristece uno al ver que no todos los profesores contamos con esa pasión por la enseñanza que nos muestra Esteve.
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